Y al pintar uno no es conciente, o tal vez si, de que en cada trazo, en cada color, en cada límite no respetado, está el reflejo de uno mismo... el de la vida que elegimos, o el de la que quisieramos tener; una intensa en tonalidades, que permita de vez en cuando no respetar límites ni fronteras, que combine tonos distintos (que no son ni complementarios ni de la misma gama), impactante a primera vista pero delicada en los detalles.
Así veo a mi mandala, como el reflejo de mi vida, en tonos intensos, sin tratar de ocultar que no todos los límites fueron respetados, porque mi mente no entiende de fronteras... pero un tanto estructurada al observar que los colores no se repiten al seguir una línea... de eso se trata, de expresar lo que se es sin esconder 😃
